martes, 28 de agosto de 2012

"Cara de pan"


José francisco cara de pan
Era un niño muy especial
Había una razón en particular
Para que su mamá no lo dejara salir a jugar

El chico no era retrasado en absoluto
Ni para los deportes era bruto
Tenía un peculiar sentido del humor
Pero su carita de cuernito
Y sus ojos de donitas
Causaba murmullos y pavor

Era un chico complicado
El realmente no era salado
Su suerte le hacía bromas de pies a cabeza
El niño causaba antojo en ciertas mesas

Pobre José francisco
Creo que hubiera preferido ser visco
Pero su familia lo apreciaba
El aroma de su cara
Era mejor que el de una empanada

Simplemente era triste su situación
El perro intento comerlo muchas veces
Mientras veía la televisión
Nada era tan peligroso
Como salir al parque a caminar
Las palomas lo seguían
Lo querían devorar

Su madre una noche
Con el corazón roto
Se apiado de el
Le golpeó la cabeza esponjosa con  un coco
Y después entre llanto y mocos
Se comió a su hijo
mientras tomaba una taza de café.

Noel A. Loaiza.

lunes, 27 de agosto de 2012

"Escritos de lluvia"


Alguien más ha escrito sobre la lluvia
Esa que cae de un cielo negro
Que lava los horrores del mundo
Se cuela en los techos
Y susurra en las alcantarillas.

Esa lluvia que cubre la tristeza
Llenando de música la ciudad solitaria
Esa lluvia que cae en la mano del desventurado
Y le acaricia las mejillas
Mimetizando su llanto de pena
Hasta ahogarlo en un silencio poético.

Alguien más ha escrito sobre la lluvia
Esa que juega en los cabellos
Que resbala por la piel excitada
Y desnuda nuestros corazones cálidos
Mientras buscan refugios en labios ajenos.

Esa lluvia que cae sin prejuicio
Que choca cual suicida
Sobre la superficie del mar
Y se vuelve espuma, recuerdo y anhelo.

Alguien más ha escrito sobre la lluvia
Esa que es fugitiva de la luna
Que se vuelve diamante líquido
Y se refugia en el pecho del viento.

Esa lluvia que se enfrente al rayo
Desafía al trueno y le gruñe al sol
Que atrapa las miradas
Que da esperanza, fuerza e ilusión
Alguien más ha escrito sobre la lluvia
Pero es hora de que lo haga yo.







viernes, 24 de agosto de 2012

"Volar o no volar"


Fresno: ¿qué pasa pequeño?, solo tienes que abrir tus alas al cielo y volar.

Petirrojo: pero señor fresno, está muy alto aquí y siento que no tengo fuerzas para volar, además mamá no ha vuelto, ella dijo que volvería. La extraño.

Fresno: no pasa nada chico, es común tener miedo y por tu madre, no la extrañes ella vendrá pronto y cuando vuelva puedes darle la sorpresa de que la recibas volando hacia ella.

Petirrojo: no quisiera ofenderlo señor fresno, pero usted solo es un árbol, usted no le teme a nada porque nada lo puede lastimar; además usted no tiene una madre ¿o sí? No sabe lo que es estar solo.

Fresno: (carcajada) un rayo me puede lastimar, un hacha humana. Si pequeño, conozco el miedo, pero no es bueno vivir con él, hay que superarlo y enfrentarlo, el mundo está lleno de posibilidades pequeño, abre tus alas tu puedes lograrlo. Y claro que conozco la soledad, es raro que los arboles hablen pero algunas veces hay pequeños nidos de pájaros en mis ramas y escucho a las madres hablar con sus huevos y a los pequeños los veo salir del cascaron, no eres el primero y todos ellos tuvieron miedo a volar pero lo lograron anímate chico.

Petirrojo: pero, qué pasa si caigo, podría lastimarme.

Fresno: pero tal vez podrías volar, alcanzar el cielo, tocar las nubes y conocer el mundo, sal del nido, pequeño. Es momento que abras tus alas al viento y te dejes llevar por sus corrientes.

Petirrojo: lo intentare.

-El pequeño petirrojo abrió sus alas, tomo aire cerro los ojos y se lanzó al vacío, movió sus alas con fuerza pero siguió cayendo hacia el suelo. Era el fin, lo vio venir en sus pequeños ojos plagados de terror, pero de pronto unas grandes garras tomaron su cuerpo y lo elevaron, el pajarillo sintió fuerza y tuvo el valor aleteo más fuerte hasta que pudo mantenerse en el aire, dio vuelta para ver a su salvador y vio a un gran búho con aspecto rudo, tenía una cicatriz que le cerraba el ojo derecho y parecía algo viejo-

Petirrojo: señor búho, muchas gracias, me ha salvado la vida tenía mucho miedo y solo caía y mis alitas no me respondían, el señor fresno dijo que lo lograría y gracias a usted lo logre.

Búho: del temor al valor solo hay tres letras hijo y ten cuidado con eso de los árboles, todas las aves saben que los arboles no hablan. Es hora de que busques a tu madre hijo, vuela fuerte y rápido y no te detengas nunca.

-y así el petirrojo voló de su hogar, dejo lo que quería, por ir a buscar algo nuevo, se arriesgó. Pero esa no es la moraleja, pues si tal vez es bueno arriesgarse, hay veces que uno debe esperar, el cielo siempre será cielo y el suelo siempre no está esperando gustoso. Así que dejemos esperando al suelo y preparémonos bien para el vuelo, la desesperación y la soledad nos hacen dar pasos al vacío y aun si forzamos nuestras alas a volar descubriremos que son como el cristal y el viento las destrozara-

-texto perdido y encontrado-

Fresno: muy gracioso señor búho, con que los arboles no hablamos. Entonces usted debe de estar loco.

Búho: cállate árbol, eres un embaucador. Recuerdo cuando me dijiste ese mismo discurso a mí, como un tonto abrí las alas y volé, buscando cosas nuevas y mejores, cuando ya tenía lo mejor para mí y en mi vuelo perdí mis ojos, mi coraje y mi corazón, me quebraron por seguir un deseo estúpido.

Fresno: aprendiste, y eso te ayudo a enseñar a los demás, yo no soy un embaucador, soy una voz simplemente, nazco del suelo y toco el cielo, pero no los disfruto tanto como ustedes, ustedes son libres.

Búho: yo ya era libre y solo encontré dolor. Lo siento, enserio lo siento.

Fresno: ¿que sientes?

Búho: nada que te interese a ti árbol insensato estas palabras se las doy al viento para que lleguen a unos oídos lejanos.

lunes, 20 de agosto de 2012

"De gatos y mapaches"


Nuestros ojos se encontraron
Los suyos eran desafiantes y profundos
Los míos sin duda tenían aquel fugaz destello burlón
Cínico y despreocupado, el silencio nos acechaba
El solo esperaba el momento para tomar lo que no le pertenecía
Su especie me produce rabia y hastío
Pero su raza me acusaba de maligno y traidor
Dos especies tan peligrosas en un espacio tan pequeño
Era una ironía de dios
Un juego de dados o un suspiro de muerte
El juego empezó lento, calculamos nuestros movimientos
Con paciencia, con la mente fría
Él quería la ambrosia que surgía de mis manos
Ese manjar extraño que era para la tribu salvaje
Aquella que había sido desvirtuada y ahuyentada de su hogar
Pero a él no le importaba, se sentía parte de ellos
Se quería mover como ellos
Pero jamás lo seria, era imposible, improbable
Sus ojos se volvieron llamas en la oscuridad
En las sombras que desgarraban la luz
Y se enraizaban en mi cuerpo mientras pasaban los segundos
Era obstinado aquel ser de pecado
Pero yo lo era aún más
Y lo maldecía con el fuego de la venganza
Era indigno que tratara de encajar en la cadena
Cuando era eslabón de otra forja
No, no lo comprendía
Yo no lo aceptaba
El pan era mío y yo lo iba a dar a quien lo necesitara
No se lo entregaría a el
Así que lo guarde en mis ropas y me largue rápidamente
Con sus ojos en mi memoria
Ese maldito gato jamás será un mapache. 

martes, 14 de agosto de 2012

"Tristeza"


Tal vez en algún momento
Una tenue luz entro en las habitaciones de mi imaginación
Alimentando mis delgados pensamientos colapsados
Tal vez en algún instante unas manos extravagantes
Pintaron en las paredes blancas
El llanto húmedo de un miedo que no me dejaba mover
Y lentamente de eso me alimente.

Solo mis ojos tomaron parte de esta vida
Mirando la tristeza que no existía
En la soledad que jamás se perdió
El mundo giraba alrededor de mi estancia vacía
Estoy en agonía, estoy en agonía.

Es exhausto pensar que la esperanza hace mucho se fue
Ya no queda nada, ya no queda nada
Así que me distraigo en los fríos días
Despertando con la venganza y el odio
Así es como recorro la luz de la habitación.

lunes, 13 de agosto de 2012

"Hielo y Nieve: El fuego del fin. Desenlace"


-Memorias del Bosque de los Diamantes-  

Solsticio: Corre maestro, corre. Nos perderemos el canto de los lobos a la señora Luna.

La noche era muy clara con miles de estrellas colgando del cielo como pendientes de cristal, Luna estaba más hermosa que nunca, vestía un hermoso vestido color fuego, su esplendor llenaba todo aquel bosque de una forma maravillosa. Y sobre una gran roca que casi chocaba con el cielo la manada de lobos se acomodaba para empezar su canto. El imponente líder Colmillo Blanco se alzaba ante los demás, su pelaje era como la plata con toques azulados, acomodaba a los pequeños lobeznos para empezar. Una joven corría desesperada a ver aquella función, sus huellas se marcaban en la tierra, iba con unos pantalones de piel de venado, un chaleco grueso de oso y una capa de flores que le había obsequiado la señora Primavera. Sus pies descalzos conocían ese bosque aun en la oscuridad más profunda que lo invadiera, pero ese día no era el caso, ese día el bosque brillaba como una estrella más en el firmamento. Iba con rapidez y con una gran sonrisa en la cara, sus ojos de anhelo y su cuerpo extasiado. Solsticio se llamaba la joven y tenía apenas 1 año de vida, pero ya le llegaba al pecho a su maestro, 1.60 medía o eso le decían los jóvenes pinos alrededor del Lago de las Estrellas. Una sombra la seguía con lentitud o eso parecía, Invierno se movía con agilidad, era su bosque y él era la brisa, la nieve y el viento de aquel lugar, así que pudo llegar adonde los lobos estaban desde hace mucho tiempo, pero le gustaba jugar carreras con Solsticio y dejarla ganar de vez en cuando.

Solsticio: Ya te estas volviendo viejo maestro, muy viejo. Ya ni siquiera puedes alcanzarme. (Risas de burla).

Invierno: (Indignación) ¿Viejo? ¿Yo?, ahora verás liebre chiflada, me las pagarás.

(Invierno se convirtió en una pequeña y diminuta tormenta de nieve que hizo que Solsticio perdiera el equilibrio y callera de bruces, después su cuerpo se cubrió de copos y quedó enterrada bajo una gran capa del frío manto blanco).

Invierno: (Burla) eso te pasa por decirme viejo, tú, niña conejo.

(Solsticio se sacudió el manto y se cruzó de brazos).

Solsticio: ¡Eso es trampa!, no se vale usar magia maestro. (Mueca).

Invierno: Yo nunca dije eso. (Sonrisa desafiante).

Solsticio: ¡O sea que yo también puedo usar magia!

Invierno: Pero claro, aunque hay un problema… ¡no sabes magia! (Risas burlescas).

Solsticio: ¡Eres un tonto maestro, Hup!

Invierno: Muy bien, muy bien. Tu ganas, ahora sube a mi espalda. Los lobos ya casi están a punto de cantar.

Solsticio subió a la espalda de Invierno; éste dijo unas palabras en voz baja que Solsticio no escuchó y el piso donde se encontraban se volvió un hielo liso y muy sólido por el cual Invierno se deslizó con rapidez y llegó bajo la gran roca donde se encontraban todos los lobos. Y con otras palabras una ventisca los levantó y los posó sobre la gran piedra, Invierno saludó con una reverencia a Colmillo Blanco y éste se la respondió igual. Como si fueran viejos amigos, Invierno se sentó a lado de él y le acarició el pelaje. Solsticio se acomodó al costado de su maestro y apoyó su cabeza en los hombros de Invierno, sus finos cabellos le hacían cosquillas en la cara a su maestro, pero a él no parecía importarle mucho. Un pequeño cachorro de color café oscuro se acercó al regazo de Solsticio, Torbellino era su nombre, Solsticio lo había bautizado así, porque era un inquieto. Y ya todos acomodados, los cantos empezaron, e Invierno aulló junto a la gran manada hasta que Sol regaló los primeros despuntes de luz en el horizonte y Luna supo que era tiempo de ir a dormir. Solsticio ya tenía 4 horas dormida en el regazo de Invierno, los aullidos de su maestro y los lobos no la molestaban, vivía con ellos y con él y estaba acostumbrada a eso. Cuando Sol salió completamente y con un baño de luz saludó a todos, los lobos empezaron a bajar lentamente de la gran roca con mucho cuidado. La caída era larga y dolorosa si daban un mal paso. Torbellino despertó a Solsticio lamiéndole las mejillas y se puso a morderle los dedos. Un poco más allá estaba Colmillo Blanco mirando fijamente a Invierno, que le hablaba en un idioma que solo él podía entender, gruñidos y ladridos continuos. Solsticio empezó su descenso junto con los restantes de la manada. Torbellino jugaba más allá con otros cachorros. Fue una noche hermosa y llena de maravillas. Solsticio bajaba aún adormilada, cuando de pronto escuchó un alboroto y el llanto de un cachorro. Torbellino había resbalado y caía por la gran roca.  Para Solsticio fue todo muy rápido, pensó que Torbellino moriría, pero un gran rayo blanco bajó con agilidad la roca y tomó del cuello a Torbellino y lo puso en el suelo sano y salvo. Era Colmillo Blanco, el jefe de la manada. Torbellino chillaba y Colmillo Blanco le lanzó una mirada severa y le dio un zarpazo leve en el cuerpo, después lo abrazó con sus patas y le lamió la frente. Ya cuando todo había pasado y todos bajaron sanos y salvos, Solsticio cayó dormida de nuevo, recargada en la gran roca. Unas manos la levantaron del suelo y la llevaron cargando hacia su cama.

Solsticio: (Adormilada) maestro, lo que hizo ese tal Colmillo Blanco fue espectacular, pensé que Torbellino moriría.

Invierno: Lo se querida. Pero Colmillo cuida a su manada, y da la vida por ellos. Por eso es un gran líder y todos lo quieren.

Solsticio: ¿Tú darías la vida por mí, maestro?

Invierno: Eso y muchas otras cosas pequeña. Ahora duerme tienes que descansar un poco.

Solsticio: Maestro, te quiero mucho. Nunca te alejes de mí. (Abrazo fuerte).

Invierno: Jamás mi corazón, jamás.


-La Tierra-

(Solsticio sentía el dolor desgarrándola célula por célula, su grito fue tremendo y despertó una furia dormida).

Vulcano: ¡No! ¡No!, yo te derrote, yo te maté. No puedes… no es posible.

Invierno: (Idioma antiguo)... -Yo soy la brisa del norte, las aguas del sur. Soy el cero absoluto, el cristal del rayo y un hijo de la luz. La muerte es mi camino y emano resurrección. Soy el señor de los hielos y es hora de que encuentres tu destrucción-

(Invierno parecía poseído, su voz retumbaba por los cielos como un trueno, como trompetas de ángeles, como llamado de muerte. Vulcano dejó caer a Solsticio, pero con una velocidad sorprendente Invierno la tomó en el aire y la dejó tendida lenta y suavemente en la tierra. Vulcano sentía pavor, intentó volverse dragón para huir volando del lugar pero le fue imposible. Invierno era más rápido que él).

Invierno: (Idioma antiguo)… -Yo soy el martillo del hielo y el vengador de los semidioses, y clamo la presencia de los perros del invierno celestial-

(Tres grandes lobos gigantes de hielo aparecieron de repente y sometieron a Vulcano del cuello y los brazos, dejando al descubierto su pecho que se movía aceleradamente).

Invierno: (Idioma antiguo)… -Destello de la mañana, nacida de los diamantes congelados que yacen en el fondo del gran ártico, se guía de mi ira… haz fluir mi venganza-

(Destello se volvió una gran lanza que se elevó al cielo como una piedra preciosa color púrpura y bajó como rayo al corazón de Vulcano, que gritaba y maldecía mientras se consumía en cenizas y flamas. La batalla había terminado, pero Solsticio estaba al borde de la muerte. Invierno bajó ante ella, dejó libre su furia y miró a Solsticio agonizando, lágrimas azules de dolor brotaban de sus ojos, él tenía la culpa, él lo había causado).

Solsticio: Mae… maestro, lo… lo… lo siento, no debí. Soy tonta.

(Estas palabras crucificaban a Invierno de una manera exagerada, un dolor profundo le apretaba el pecho).

Invierno: Mi vida, mi flor, no es tu culpa. Lo siento, debí poner más atención en la batalla, oh señor. No me la quites gran señor, no a mi Solsticio, no a ella.

(Solsticio dejó escapar un último suspiro largo, mientras sus manos se cerraban sobre las de Invierno. Tal vez por eso el mundo pudo sentir el sufrimiento de algo divino, de algo que no era mortal. El llanto y la desesperación de Invierno volvieron un caos a los cielos y a los vientos).

Invierno: ¡No, mi corazón azul, no!, por mi sombra, por mi nombre, ¡regrésamela, ella no, ella no!, oh mi Solsticio, vuelve, no me dejes, no me dejes, no te vayas… ¡NO!

(Locura, amor, insensatez, nadie sabe por qué lo hizo, pero así fue. Invierno sacó la mitad que le quedaba de su frío corazón azul y lo puso en Solsticio formando un corazón azul perfecto que empezó a latir con fuerza. Solsticio abría sus ojos de nuevo. Abría sus ojos a su maestro, no sabía cómo había escapado de un sueño oscuro y pesado que la arrastraba profundo, pero lo había hecho, había escapado y ahora abrazaba a Invierno como nunca… ese día Invierno murió dos veces. Pero nadie supo cómo es que aún se mantenía de pie).

Autor: Noel A. Loaiza
Trabajo de corrección: Iyallii P.

domingo, 22 de julio de 2012

"Recuerdos de verano y noches de otoño"


Aun la veo entrando por la ventana de mis ojos
Como una luz tenue, un rayo danzante de la luna
Un faro en la lejanía o un camino de estrellas
Sus manos dibujan un corazón en mi pecho
Y ponen ese dulce aroma de su cuerpo de muñeca
En las partículas de oxigeno que invaden la atmosfera
Y mientras estoy en agonía o en un simple entumecimiento
sobre mi barca que se mece en las aguas oscuras
Miles de hojas blancas aparecen en mi cabeza
Y ella me besa, el sabor de sus labios se diluye a través de los míos
Corre lento hacia mis poros, una tinta caliente invade mis venas
Sube hasta mi cabeza, poniendo palabras en esas hojas vacías.

Solo mis ojos la consumen, como si fuera una droga para la tristeza
Sus manos me despojan de un mundo que me estropea las miradas
Cuando estoy perdido entre sus cabellos salvajes
Y ya no queda nada, ya no hay que perder
No, ya no tengo que perder exhausto de vagar con mis dedos
El campo de algodón que se expande en las curvas crueles de su piel
Mientras me despierta con remordimiento el recuerdo de su voz
El recuerdo de su dulce voz.

Afuera, soy ahogado por los granos de arena
El tiempo vengativo me provoca al cambio de estación
Mientras mi deseo oscuro de poder sus pulmones asfixiar
Con un beso largo que solo el latido de nuestros corazones unidos
En la inmensidad de un universo escondido pueda escuchar
Pero parece que ya no me quedan fuerzas para sostener sus manos hasta el amanecer
Los recuerdos se empiezan a corromper.

Extraños susurros se apoderan de mi pared de salitre
Ella se vuelve una sombra que lentamente se va
Hay algo que intenta arrebatarme su luz
Por favor quédate y enséñame a bailar
Juntos en las melodías de esta profunda oscuridad
Noche lléname de sus besos una vez más
Ahora que estoy perdido por siempre en el mar.

-frente a las olas, le entregue mi corazón de espuma, y después me fui a vagar al ancho mar azul y misterioso, con la única esperanza que tenia, regresar a ella. y encontrarla con la mirada en el horizonte sobre la tranquila arena-

Autor: Noel A. Loaiza.

"Hielo y Nieve: El fuego del fin. parte 2"



-El Consejo de los Principios-

Solsticio: ¿Qué pasa?, ¿por qué no se defiende?      
           
Solsticio preguntaba con desesperación al ver como Vulcano golpeaba a Invierno sin piedad, estaba en la reunión del Consejo de los Principios. A su alrededor se encontraban Primavera, Verano y Otoño, viendo como su hermano era torturado lentamente. Eran incapaces de hacer algo. O tal vez no querían hacerlo.

Solsticio: Hagan algo, por favor ayúdenlo. Lo va a matar, por favor, por el Gran Maestro sálvenlo.

Sus lágrimas se derramaban lento desde sus ojos acariciando sus mejillas, no entendía por qué los otros señores de las estaciones estaban tan tranquilos, tan pacientes. Una ira profunda se adueño de ella.

Solsticio: ¡Malditos sean!, cobardes, traidores. ¡Malditos sean!

En ese momento la voz de Otoño surgió de su profundo silencio, una voz que jamás había escuchado, como si un trueno surcara el cielo partiéndolo en dos.

Otoño: ¡Basta! Hija del suspiro del señor del hielo, nuestra intervención no es permitida por el grande. Es una batalla justa, sería indigno de nuestra parte ir a ayudar a Invierno, cuando él nos hizo prometer que no lo haríamos.

Y así había sido, antes de partir a la batalla, Invierno hizo prometer a sus hermanos que pasara lo que pasara, cuidarían a Solsticio en su ausencia. Invierno tal vez pensaba que era su última batalla, sin embargo su cara mostraba seguridad, así que sus hermanos no se preocuparon en lo más mínimo.

Primavera: Pero hay una forma de ayudarle, mas no depende de nosotros, preciosa.

Solsticio: Entonces, ¿de qué depende?

Verano: De ti. Sólo tú puedes ayudarlo. ¿Estas dispuesta a hacerlo?

Solsticio: Lo estoy, díganme qué es lo que debo hacer.

Otoño: Ven te llevaré a la puerta, es el momento de que desciendas a enfrentar lo que tu amo no pudo vencer.

Así era Otoño, directo y sin tapujos. La condujo a un gran marco sin puerta que tenía grabados extraños, se encontraba en medio de una gran colina llena de flores, era la puerta de entrada a todas esas almas que habían ganado el derecho de entrar al Santuario Eterno, donde sus almas descansarían y se convertirían en un árbol en aquel gran jardín prohibido.

Otoño: Sólo pasa la puerta, y piensa en el lugar adonde quieres llegar. Ten cuidado, eres torpe y nunca te has enfrentado a algo igual, pero no podemos negarte tu deseo de ayudar a tu maestro. Sólo el de arriba y no ha mandado a nadie a contradecir tu decisión, suerte hija de hielo. Espero que en vez de dolor encuentres una muerte en silencio y rápida.

Sus palabras fueron dagas que perforaron toda la confianza que tenía. Era cierto, no estaba preparada, apenas unos momentos antes pudo congelar el agua por primera vez. Su maestro le había enseñado algunos movimientos, danzas y posiciones para defenderse cuando lo necesitara, había enfrentado a osos en batallas cuerpo a cuerpo y hacía carreras de velocidad con los lobos, pero eso era diferente, estaba a punto enfrentar a un gigante de fuego, que excretaba furia, un gigante que ni siquiera su maestro pudo derrotar. Ella qué podría hacer ante tal ser, simplemente sería un hazme reír, una burla. Pero tenía que intentarlo, tenía que salvar a su maestro y así lo hizo, cruzó el marco pensando en su maestro y en el lugar, sintió un vacío en su estómago, una sensación de caída y después todo se volvió oscuro.

-La Tierra-

Vulcano estaba divirtiéndose a lo grande, golpeaba sin piedad a Invierno estrellándolo en la gran estructura de piedra. Invierno yacía inconsciente en las grandes manos del gigante, su mente vagaba lejos. Sus latidos desaparecían lentamente, todo indicaba que sería el fin, y aun en el fin sólo podía pensar en una cosa. Solsticio. Esa niña, la iba a dejar sola y ya nunca podría contarle más cuentos, ni recitarle más poemas. Tampoco le enseñaría a hacer más magia. Todo había acabado, y eso era lo que más le dolía.

Vulcano: (Riendo) es momento de acabar contigo, pequeño e insignificante señor del hielo, ya te he hecho sufrir demasiado, es hora de que mueras.

Vulcano levantó un pequeño altar de rocas al rojo vivo, donde acostó a Invierno para asestarle el ultimo golpe, levantó su mano que se volvió una masa incandescente de la que sobresalían grandes picos de piedra ardiente y dejó caer con fuerza la gran masa sobre el cuerpo de Invierno; ese era el fin de todo. Pero de un momento a otro, sintió que su gran brazo de fuego se congelaba completo de una forma casi impresionante y después un golpe lo despedazaba hasta hacerlo cenizas. Era incapaz de creerlo, giró su cabeza y no vio a nadie, ¿quién había sido?, ¿quién además de Invierno tenía esa capacidad? Y fue cuando la vio ahí, hincada a un lado de su maestro, sosteniendo la cabeza del inconsciente Invierno, sus cabellos blancos y plateados estaban manchados de sangre azul, su cara parecía que dormía profundamente, no sufría ninguna contusión, pero aun así, su boca destilaba un chorro de sangre y sus ojos también lo hacían. Las lágrimas resbalaban sin cesar por las mejillas de Solsticio al ver a su maestro medio muerto en ese lugar de fuego abrasador. Ahora si, la furia que llevaba dentro salió. Levantó sus ojos azul profundo como un mar congelado y se dirigieron a los de Vulcano, que aún no creía lo que veía.

Vulcano: (Carcajada) no puedo creerlo, la pequeña loba de Invierno vino a rescatarlo, es increíble, parece que mataré a discípulo y alumno en un mismo día.

Solsticio: ¡Calla!, te atreviste a herir a mi maestro y yo te mataré, maldito monstruo, yo voy a destruirte, haré cenizas tu cuerpo.

Los ojos de Solsticio destellaban odio, Vulcano reía con más fuerza burlándose de ella y en un acto de sorpresa se abalanzó contra Solsticio intentando golpear su cuerpo, pero se encontró con otra sorpresa, el pequeño y delicado puño de Solsticio, chocó con el de él. Solsticio de alguna forma había congelado su cuerpo, creando una delicada armadura de hielo que cubría su ser y el toque de sus manos congelaba todo aquello que se interpusiera en su camino, como el puño de Vulcano.

Solsticio: Dije que voy a destruirte, por mi maestro.

Vulcano: Maldita niña, cómo te atreves a hablarle así al gran Vulcano, ¡ahora sentirás toda mi furia!

Dicho esto Vulcano subió la temperatura del ambiente y su cuerpo de llamas explotó en cólera, volviéndose un dragón gigante de piedra incandescente, fuego y lava. Así comenzó la gran pelea, Vulcano asestaba golpes con su cola y Solsticio los esquivaba con gracia y velocidad, de vez en cuando congelaba alguna parte de la cola de  Vulcano o de sus alas y las despedazaba de un golpe, pero Vulcano se regeneraba con una velocidad sorprendente y seguía lanzando golpes con su cola, escupiendo lava y fuego, desplegando sus alas para tomar más velocidad en sus ataques. La pelea provocaba tal impacto que la tierra retumbaba con cada golpe, los mortales que presenciaban aquel extraño fenómeno estaban aterrados y maravillados al mismo tiempo. Solsticio se movía como alguien que llevase años entrenando, su armadura de hielo la protegía del calor intenso, era una guerrera excepcional, los señores de las estaciones no lo podían creer, ¿de dónde había sacado tal fuerza y habilidad? Golpeaba a Vulcano con furia aunque este se regenerase, esquivaba los ataques y contratacaba, congelaba, golpeaba y pulverizaba. Simplemente era como ver a una hermosa hada de hielo. La batalla era épica. Pero el cansancio empezó a presentarse en Solsticio. Después de todo aún no era una señora bendecida por el grande. Aún era una alumna, aún necesitaba aprender y esa fue una de sus debilidades.

Vulcano: Eres buena, lo admito, pero yo soy un grande, un ser poderoso de fuerza ilimitada y jamás podrás derrotarme.

Solsticio: Eres un monstruo que sirve sólo para causar dolor y no mereces vivir.

Estas palabras molestaron a Vulcano y con la velocidad de un rayo abrió sus alas de dragón y se abalanzó sobre ella, rugiendo y escupiendo una gran flama de fuego. Solsticio la esquivó pero un colazo de Vulcano la alcanzó en su estómago, sacándole el aire y estampándola en el suelo. Su armadura de hielo estaba despedazada. No podía moverse, sentía un dolor terrible. Vulcano descendió hacia donde se encontraba Solsticio lastimada, tratando de respirar desesperadamente. Puso una de sus grandes patas sobre su cuerpo, y la aplastó con fuerza.  Solsticio soltó un grito desgarrador.

Vulcano: Es hora de que mueras hija de hielo, es hora de que te reúnas con tu maestro.

Dicho esto levantó su gran cola de dragón y la volvió una lanza puntiaguda que cayó en picada dirigiéndose al pecho de Solsticio. Pero algo detuvo aquel ataque definitivo. Oponiendo resistencia a la gran cola, estaba Destello, la espada que despuntaba toques lilas al alba.

Solsticio: ¿Destello?, pero, ¿cómo es posible?

Vulcano: Maldito artefacto inútil, aun si Invierno esta casi muerto, sigues causándome molestias y no lo permitiré.

Levantó la pata que tenia sobre Solsticio y trató de tomar a Destello, pero Solsticio fue mas rápida, tomó la espada de la empuñadura y cortó la pata y la cola de un sólo golpe. Vulcano soltó un rugido de dolor y perdió el equilibrio cayendo de costado, Solsticio controlaba a Destello como si fuera parte de ella, intentó volver a crear la armadura de hielo pero no lo consiguió. Vulcano aún no había recuperado su pata ni su cola y eso era extraño, al parecer Destello no permitía que se regenerara con la misma rapidez. Pero eso era imposible, ya había visto a Invierno cortar con esa misma espada a Vulcano y Vulcano se regeneraba con la misma velocidad pero esta vez era distinto, era como si la espada estuviera controlada por un hechizo, un hechizo que le daba tiempo, pero tal vez no el suficiente. Vulcano se encontraba de pie de nuevo, a punto de empezar a atacar. Solsticio se puso en pose de batalla con Destello en sus manos y así se reanudo la pelea. Pero esta vez la suerte estaba de su lado, Destello era tan filosa y Solsticio tan rápida que de un ataque cortó las dos grandes alas del dragón y Vulcano cayó con tal fuerza que la tierra se estremeció por completo y, sin esperar a que Vulcano se regenerara Solsticio le acertó un golpe cortándole el cuello, y después clavó la espada en el pecho del monstruo, apagando por completo el fuego del dragón y volviéndolo roca dura y negra. La batalla había terminado. Solsticio lo había derrotado.

Solsticio: Al fin ha caído. Gracias Destello no habría podido hacerlo sin ti. Ahora tengo que salvar a mi maestro.

Corrió hacia donde estaba Invierno que aún yacía inconsciente sobre el gran altar de piedra fundida que ahora se encontraba fría y negra. Tomó el cuerpo de su maestro y empezó a llamarlo, pero no parecía funcionar. Además sentía que el cuerpo de su maestro perdía su toque frío. Había un gran charco de sangre al lado de donde se encontraba su cuerpo, sus ojos estaban completamente blancos, había perdido el hermoso toque de azul zafiro y miel que había en ellos. Invierno moría. Y solsticio no sabía que hacer, de nuevo empezó a llorar, el dolor venía desde su corazón azul que latía mas lento. Era como un presagio, o una señal de que el corazón azul de Invierno estaba apunto de dejar de latir, pero esas lágrimas, ese dolor y el llamado de su boca desesperada no le regresaban a Invierno que poco a poco perdía el color blanco de su piel, que se volvía gris y dura. Nada podía hacer, y lo peor estaba por pasar. Vulcano resurgió del gran hoyo de fuego del que había salido anteriormente con su cuerpo de gigante y no de dragón, atrapó a Solsticio con sus grandes manos y la estrujo con fuerza.

Vulcano: Tonta niña, crees que Vulcano es tan fácil de vencer. Dejé una parte de mi cuerpo descansando en ese gran lago de lava y he podido regenerarme de ahí, y es hora de que mueras, ya es hora.

Vulcano apretó el cuerpo de Solsticio con tal fuerza que ella sintió su interior romperse y molerse, un grito se extendió en el cielo, un grito desesperado. Un grito que erizó a los maestros de las estaciones, un grito que hizo que el cielo se pusiera negro y una gran ráfaga de nieve y granizo azotaran el cuerpo de Vulcano, y apagaran su cuerpo lentamente, un grito que había hecho que sus ojos se abrieran con ese mismo toque de zafiro y miel en ellos.

Él había despertado, y ahora estaba furioso.

Autor: Noel A. Loaiza
Trabajo de corrección: Iyallii P.

miércoles, 11 de julio de 2012

"Despertar"


A él lo despertó una mariposa herida, que lentamente se poso entre sus ojos.

Esperen así no es; a él lo despertó el dolor de sus nudillos y miro la mariposa herida caer lentamente entre su ojos, sintió el cuerpo de una fémina hermosa e impecable.

No, la fémina si era hermosa, pero su piel escondía los secretos de su pasado, ligeras marcas rosadas envolvían su espalda, el las acaricio lento, intensificando el dolor de sus nudillos en carne viva.
Beso cada surco, hasta llegar a la delicada piel de sus pezones, tomo su mano para el último baile, el piano le daba vida a su mundo cirquero, se contorsionaban lento sobre la gravedad impuesta.

Creo que me equivoque, a él lo despertó ella, preguntando que le había pasado a su mariposa que yacía en el suelo con sus alitas de colores místicos, rotas y desgarradas, vio miles de imágenes de su cara, que se reflejaban en los pedazos de espejo que se esparcían por el suelo. Sentía cicatrices en su espalda, un horrible dolor en sus nudillos, ella gritaba. El lloraba.

Miento; él se despertó solo, sin su fémina, sin la mariposa, sin nudillos sangrantes, sin cicatrices profundas, se despertó solo. 

"Se busca"


Su voz huyo
A una ciudad distante y silenciosa
Mientras yo dormía retorcido
Entre arboles de metal.

Al despertar busque sus ojos
En los jardines más profundos
De una conciencia viciada
Llena de espinas y de agujas.

Rompí mi sonrisa
Bajo la sombra de una luna funesta
Ella se fue en el día más oscuro
Y jamás la volví a ver.

Ahora sé que ella
No me podía salvar
Ahora sé que ella
Solo quería tomar
Lo que nunca le di a nadie más.

Y ahora soy prisionero de su amor
En las celdas diluidas de su oscuro corazón.

Los sueños desaparecieron de mis noches
Y las pequeñas cosas dejaron de ser lo mismo
Antes de su partida no me había dado cuenta
De lo vacío que me había quedado yo.

Ella robo mi estrella
Mientras yo la invitaba a dormir
Ella secuestro mi esperanza
Y nunca me la devolvió.

Ahora sé que ella
No me podía salvar
Ahora sé que ella
Solo quería tomar
Lo que nunca le di a nadie más.

En este sueño que en una pesadilla se volvió
Estoy encerrado con el candado de la negación.

La busque sin parar
Siguiendo el sonido de lo que ella solía pensar
Entre hasta las entrañas del abismo
Y aun no se en que lugar se esconde

Estoy tan perdido
Con el orgullo herido
He descubierto que para ella nunca fui nada
Y nunca más nos veremos.

Ahora sé que ella
No me podía salvar
Ahora sé que ella
Solo quería tomar
Lo que nunca le di a nadie más.         
Se fue para no volver
Nunca mas.