lunes, 13 de agosto de 2012

"Hielo y Nieve: El fuego del fin. Desenlace"


-Memorias del Bosque de los Diamantes-  

Solsticio: Corre maestro, corre. Nos perderemos el canto de los lobos a la señora Luna.

La noche era muy clara con miles de estrellas colgando del cielo como pendientes de cristal, Luna estaba más hermosa que nunca, vestía un hermoso vestido color fuego, su esplendor llenaba todo aquel bosque de una forma maravillosa. Y sobre una gran roca que casi chocaba con el cielo la manada de lobos se acomodaba para empezar su canto. El imponente líder Colmillo Blanco se alzaba ante los demás, su pelaje era como la plata con toques azulados, acomodaba a los pequeños lobeznos para empezar. Una joven corría desesperada a ver aquella función, sus huellas se marcaban en la tierra, iba con unos pantalones de piel de venado, un chaleco grueso de oso y una capa de flores que le había obsequiado la señora Primavera. Sus pies descalzos conocían ese bosque aun en la oscuridad más profunda que lo invadiera, pero ese día no era el caso, ese día el bosque brillaba como una estrella más en el firmamento. Iba con rapidez y con una gran sonrisa en la cara, sus ojos de anhelo y su cuerpo extasiado. Solsticio se llamaba la joven y tenía apenas 1 año de vida, pero ya le llegaba al pecho a su maestro, 1.60 medía o eso le decían los jóvenes pinos alrededor del Lago de las Estrellas. Una sombra la seguía con lentitud o eso parecía, Invierno se movía con agilidad, era su bosque y él era la brisa, la nieve y el viento de aquel lugar, así que pudo llegar adonde los lobos estaban desde hace mucho tiempo, pero le gustaba jugar carreras con Solsticio y dejarla ganar de vez en cuando.

Solsticio: Ya te estas volviendo viejo maestro, muy viejo. Ya ni siquiera puedes alcanzarme. (Risas de burla).

Invierno: (Indignación) ¿Viejo? ¿Yo?, ahora verás liebre chiflada, me las pagarás.

(Invierno se convirtió en una pequeña y diminuta tormenta de nieve que hizo que Solsticio perdiera el equilibrio y callera de bruces, después su cuerpo se cubrió de copos y quedó enterrada bajo una gran capa del frío manto blanco).

Invierno: (Burla) eso te pasa por decirme viejo, tú, niña conejo.

(Solsticio se sacudió el manto y se cruzó de brazos).

Solsticio: ¡Eso es trampa!, no se vale usar magia maestro. (Mueca).

Invierno: Yo nunca dije eso. (Sonrisa desafiante).

Solsticio: ¡O sea que yo también puedo usar magia!

Invierno: Pero claro, aunque hay un problema… ¡no sabes magia! (Risas burlescas).

Solsticio: ¡Eres un tonto maestro, Hup!

Invierno: Muy bien, muy bien. Tu ganas, ahora sube a mi espalda. Los lobos ya casi están a punto de cantar.

Solsticio subió a la espalda de Invierno; éste dijo unas palabras en voz baja que Solsticio no escuchó y el piso donde se encontraban se volvió un hielo liso y muy sólido por el cual Invierno se deslizó con rapidez y llegó bajo la gran roca donde se encontraban todos los lobos. Y con otras palabras una ventisca los levantó y los posó sobre la gran piedra, Invierno saludó con una reverencia a Colmillo Blanco y éste se la respondió igual. Como si fueran viejos amigos, Invierno se sentó a lado de él y le acarició el pelaje. Solsticio se acomodó al costado de su maestro y apoyó su cabeza en los hombros de Invierno, sus finos cabellos le hacían cosquillas en la cara a su maestro, pero a él no parecía importarle mucho. Un pequeño cachorro de color café oscuro se acercó al regazo de Solsticio, Torbellino era su nombre, Solsticio lo había bautizado así, porque era un inquieto. Y ya todos acomodados, los cantos empezaron, e Invierno aulló junto a la gran manada hasta que Sol regaló los primeros despuntes de luz en el horizonte y Luna supo que era tiempo de ir a dormir. Solsticio ya tenía 4 horas dormida en el regazo de Invierno, los aullidos de su maestro y los lobos no la molestaban, vivía con ellos y con él y estaba acostumbrada a eso. Cuando Sol salió completamente y con un baño de luz saludó a todos, los lobos empezaron a bajar lentamente de la gran roca con mucho cuidado. La caída era larga y dolorosa si daban un mal paso. Torbellino despertó a Solsticio lamiéndole las mejillas y se puso a morderle los dedos. Un poco más allá estaba Colmillo Blanco mirando fijamente a Invierno, que le hablaba en un idioma que solo él podía entender, gruñidos y ladridos continuos. Solsticio empezó su descenso junto con los restantes de la manada. Torbellino jugaba más allá con otros cachorros. Fue una noche hermosa y llena de maravillas. Solsticio bajaba aún adormilada, cuando de pronto escuchó un alboroto y el llanto de un cachorro. Torbellino había resbalado y caía por la gran roca.  Para Solsticio fue todo muy rápido, pensó que Torbellino moriría, pero un gran rayo blanco bajó con agilidad la roca y tomó del cuello a Torbellino y lo puso en el suelo sano y salvo. Era Colmillo Blanco, el jefe de la manada. Torbellino chillaba y Colmillo Blanco le lanzó una mirada severa y le dio un zarpazo leve en el cuerpo, después lo abrazó con sus patas y le lamió la frente. Ya cuando todo había pasado y todos bajaron sanos y salvos, Solsticio cayó dormida de nuevo, recargada en la gran roca. Unas manos la levantaron del suelo y la llevaron cargando hacia su cama.

Solsticio: (Adormilada) maestro, lo que hizo ese tal Colmillo Blanco fue espectacular, pensé que Torbellino moriría.

Invierno: Lo se querida. Pero Colmillo cuida a su manada, y da la vida por ellos. Por eso es un gran líder y todos lo quieren.

Solsticio: ¿Tú darías la vida por mí, maestro?

Invierno: Eso y muchas otras cosas pequeña. Ahora duerme tienes que descansar un poco.

Solsticio: Maestro, te quiero mucho. Nunca te alejes de mí. (Abrazo fuerte).

Invierno: Jamás mi corazón, jamás.


-La Tierra-

(Solsticio sentía el dolor desgarrándola célula por célula, su grito fue tremendo y despertó una furia dormida).

Vulcano: ¡No! ¡No!, yo te derrote, yo te maté. No puedes… no es posible.

Invierno: (Idioma antiguo)... -Yo soy la brisa del norte, las aguas del sur. Soy el cero absoluto, el cristal del rayo y un hijo de la luz. La muerte es mi camino y emano resurrección. Soy el señor de los hielos y es hora de que encuentres tu destrucción-

(Invierno parecía poseído, su voz retumbaba por los cielos como un trueno, como trompetas de ángeles, como llamado de muerte. Vulcano dejó caer a Solsticio, pero con una velocidad sorprendente Invierno la tomó en el aire y la dejó tendida lenta y suavemente en la tierra. Vulcano sentía pavor, intentó volverse dragón para huir volando del lugar pero le fue imposible. Invierno era más rápido que él).

Invierno: (Idioma antiguo)… -Yo soy el martillo del hielo y el vengador de los semidioses, y clamo la presencia de los perros del invierno celestial-

(Tres grandes lobos gigantes de hielo aparecieron de repente y sometieron a Vulcano del cuello y los brazos, dejando al descubierto su pecho que se movía aceleradamente).

Invierno: (Idioma antiguo)… -Destello de la mañana, nacida de los diamantes congelados que yacen en el fondo del gran ártico, se guía de mi ira… haz fluir mi venganza-

(Destello se volvió una gran lanza que se elevó al cielo como una piedra preciosa color púrpura y bajó como rayo al corazón de Vulcano, que gritaba y maldecía mientras se consumía en cenizas y flamas. La batalla había terminado, pero Solsticio estaba al borde de la muerte. Invierno bajó ante ella, dejó libre su furia y miró a Solsticio agonizando, lágrimas azules de dolor brotaban de sus ojos, él tenía la culpa, él lo había causado).

Solsticio: Mae… maestro, lo… lo… lo siento, no debí. Soy tonta.

(Estas palabras crucificaban a Invierno de una manera exagerada, un dolor profundo le apretaba el pecho).

Invierno: Mi vida, mi flor, no es tu culpa. Lo siento, debí poner más atención en la batalla, oh señor. No me la quites gran señor, no a mi Solsticio, no a ella.

(Solsticio dejó escapar un último suspiro largo, mientras sus manos se cerraban sobre las de Invierno. Tal vez por eso el mundo pudo sentir el sufrimiento de algo divino, de algo que no era mortal. El llanto y la desesperación de Invierno volvieron un caos a los cielos y a los vientos).

Invierno: ¡No, mi corazón azul, no!, por mi sombra, por mi nombre, ¡regrésamela, ella no, ella no!, oh mi Solsticio, vuelve, no me dejes, no me dejes, no te vayas… ¡NO!

(Locura, amor, insensatez, nadie sabe por qué lo hizo, pero así fue. Invierno sacó la mitad que le quedaba de su frío corazón azul y lo puso en Solsticio formando un corazón azul perfecto que empezó a latir con fuerza. Solsticio abría sus ojos de nuevo. Abría sus ojos a su maestro, no sabía cómo había escapado de un sueño oscuro y pesado que la arrastraba profundo, pero lo había hecho, había escapado y ahora abrazaba a Invierno como nunca… ese día Invierno murió dos veces. Pero nadie supo cómo es que aún se mantenía de pie).

Autor: Noel A. Loaiza
Trabajo de corrección: Iyallii P.

2 comentarios:

  1. Finally :).
    Sorprendente e impactante. Muy buen desenlace. Ahí luego te corrijo el título. Ponte a escribir más, tener esto tan abandonado no se vale para tus fans.

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  2. si no se vale que nos abandones.
    te admiro mucho!..ame la historia desde el comienzo y me encanto el final!
    -L

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